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sábado, 11 de julio de 2015

MENSAJE DOMINICAL DE LA PALABRA DE DIOS.

Domingo 12 de julio de 2015.



Para leer la reflexión de la Palabra de Dios
de este Domingo, pincha abajo en "Más información".


Queridos hermanos y hermanas:

Este Domingo el Señor nos habla, a través de su palabra, de la dimensión profética que todo creyente y cristiano tiene, dimensión que conlleva la misión de llevar el mensaje de Cristo a todos los hombres y mujeres de nuestro entorno. Por lo tanto, todos tenemos como bautizados una misma llamada y una misma misión que luego se concretiza y desarrolla de manera diferente según lo que Dios espera de cada uno de nosotros.

Vivimos en este mundo cada vez más centrado en el hombre, en sus necesidades y en sus deseos de superación y de dominio de todo el universo. Vivimos para nosotros y a nuestras anchas, como si nada más existiera por encima de nosotros. Nos olvidamos de Dios o preferimos arrinconarlo para que no nos complique la vida. Vivimos mejor sin Dios que con Él, máxima de muchos hombres y mujeres egocéntricos y autosuficientes. Cuando vienen la enfermedad, los fracasos, la muerte..., entonces éstos mismos reprochan a Dios que sucedan estas crueldades que son tan reales y tan a la mano de todo los vivientes.

Las personas de fe creemos en Dios y lo queremos sentir presente en nuestra vida, porque sentimos que sin Él no tiene sentido nuestra existencia y perdemos la esperanza en los combates de la vida. Sentimos que no estamos aquí por azar, y que esta vida no es un paso sin más sino que tiene una finalidad que cada uno de nosotros hemos de descubrir y de esclarecer a lo largo de la vida: "¿Qué quieres, Señor, de mí?". Cuando en un momento clave y serio de tu vida te encuentras con Dios, todo cambia y te planteas esta pregunta, porque ya no quieres vivir desde ti sino desde y para Él. Hasta entonces tú has hecho lo que te ha dado la gana, y así te ha ido tantas veces, hasta quedarte en el vacío y la tristeza más profunda. Ver a Dios es creer realmente que Él existe y te quiere, y eso no te deja indiferente, produce un antes y un después en ti y en tu vida.

Es esto lo que les sucede a los profetas del Antiguo Testamento, y Amós hoy nos comparte su experiencia a modo de testimonio. De vivir en el campo como pastor y agricultor, en una vida tranquila y acomodada, pasa a otra vida distinta pero tampoco ajena a las complicaciones. Dios no lo ha llenado de privilegios con los que poder decir: ya lo he conseguido todo y ahora a descansar. Dios lo llama, lo saca de sus seguridades, de su paz acomodada, y lo lanza a un mundo donde no siempre su misión va ser entendida y aceptada. Queremos a Dios a ratos, pero Él nos quiere enteros y para el día a día. Y para eso se necesita tener mucha fe, para responde a Dios desde la mayor generosidad.

Para generosos, Dios: que, como nos dice San Pablo, nos lo ha dado todo en Cristo. Dios se ha vaciado con Cristo. Y con Cristo nos ha llamado a continuar la misión iniciada de su Hijo. Y aquí no valen las excusas baratas e infantiles: es que no me gustan muchas cosas de la Iglesia, es que aquél cura es así y el otro "asao"... Iglesia y parroquia a la carta no existen. "Compadreo" puede haber mucho cuando sólo nos sentimos a gusto para estar y trabajar con los que me caen bien y hasta puedo dominar. Pero eso no es la Iglesia de Cristo, sino la que tú te quieres hacer a tu medida y acomodo. La Iglesia de Cristo es la que es, y en ella y no en otras prefabricadas es en la que Dios quiere que estés y trabajes por hacerla mejor. Lo contrario es la cobardía o el capricho.

Somos enviados por el Señor porque hay mucho trabajo por hacer, porque la Iglesia ni está terminada de hacer ni es perfecta. No esperes que te la den hecha y servida en bandeja. Quieres una Iglesia pobre, en fraternidad, en igualdad... Quien dice Iglesia dice parroquia, comunidad, cofradía, etc. ¡Qué bonito! ¿Y quién no quiere eso? Pero, ¿tú eres pobre, fraterno, justo...? Empieza por ti, que también eres una piedra del edificio de Cristo, de la Iglesia.

Y cuando hagas Iglesia y anuncies el Evangelio con tu vida no lo hagas desde la soberbia de sentirte mejor que los demás ni lo hagas para engrandecerte. LLeva por tesoro a Cristo en una vida de sencillez, de humildad y de generosidad. Da gratis lo que gratis te ha dado Dios, que esto no es un negocio humano aunque cuántas veces parecemos mercaderes más que discípulos del Señor.

Ánimo, hermanos y hermanas, que tenemos obra y mudanzas en nuestra vida, como diría Santa Teresa de Jesús, si de verdad no nos conformamos como somos y deseamos ser auténticos seguidores del Maestro. Feliz Día de su resurrección.