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miércoles, 22 de febrero de 2017

BEATIFICACIÓN DE UN FELIGRÉS DE NUESTRA PARROQUIA DE SAN JUAN BAUTISTA.




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El próximo sábado 25 de marzo, a las 11:00 horas, en el Palacio de Congresos de Aguadulce (Almería), será la celebración de beatificación de 115 mártires, once de los cuales tienen relación con la Diócesis de Guadix, y uno de ellos, FRAY GABRIEL OLIVARES RODA, OFM (Orden de Frailes Menores -Franciscanos-), es natural de Baza y fue bautizado en nuestra Parroquia de san Juan Bautista.

Nuestra Parroquia se prepara para vivir este gran acontecimiento con una serie de actos y celebraciones que varios miembros del Consejo Parroquial de Pastoral van a organizar para divulgar y dar a conocer la vida y martirio de este feligrés.

Nuestra Parroquia, haciendo partícipes a las demás parroquias de la ciudad, celebrará una solemne Misa de Acción de Gracias por la beatificación el domingo 26 de marzo, a las 20:00 horas, en la Iglesia de la Piedad.

Una vez sea beatificado podrá ser venerado y recibir culto junto a los demás Beatos y Santos de la Iglesia universal.

VIDA Y MARTIRIO
BEATO GABRIEL OLIVARES RODA,
PADRE FRANCISCANO

Nació en Baza, el 10 de marzo de 1888, donde fue bautizado en su Parroquia de San Juan Bautista de la misma ciudad, el 20 de marzo de 1888

El 15 de agosto de 1903 vistió el hábito franciscano y el 16 de agosto del año siguiente profesó la Regla seráfica, haciendo la profesión solemne el 18 de agosto de 1907. 

Fue ordenado sacerdote el 17 de noviembre de 1912, ejerciendo su tarea apostólica en distintos colegios y centros franciscanos en Cartagena y Cehegín. 

Al comenzar la guerra española de 1936-1939 está destinado en Almería. Desde allí, en la Semana Santa anterior se había trasladado a Arboleas para predicar.

Se distinguió en su vida por la devoción a la Virgen en sus diversas advocaciones, sobre todo bajo los títulos de Virgen de Guadalupe (Patrona de Extremadura) y Virgen de Maravillas (Patrona de Cehegín). En la coronación canónica de ésta (1925), el P. Olivares se distinguió por su entusiasmo y celo, componiendo un devocionario dedicado a la Virgen y que lleva por título "Acuérdate de tu madre". 

"Era devotísimo de la Santísima Virgen", dice el P. Modesto Vaquero, OFM y compañero del Siervo de Dios en el convento de Almería hasta que les obligaron a dejar la casa en 1936.

De su vida dicen los testigos que "era un buen sacerdote "; de carácter jovial, "era un hombre de fe, piadoso y observante de las Reglas de San Francisco y de gran celo apostólico ".

Subrayan también en su vida la austeridad y prudencia: "No era engreído ni fanfarrón ni egoísta"; "conocido y querido en la parroquia por su bondad y amabilidad. Era un hombre de Dios y transmitía a todos en la predicación y en la confesión buenos deseos y fuerzas para vivir cristianamente".

Prisión, martirio y fama de martirio

Cuando comenzó la persecución religiosa el Siervo de Dios se refugió en la casa de una testigo: "Lo que tengo más grabado en mi memoria es el día en que el P. Gabriel Olivares vino a nuestra casa con un grupo de compañeros sacerdotes del convento de los franciscanos, buscando protección porque habían sido expulsados del convento por los milicianos. Mi madre tenía una casa de huéspedes y, cuando comenzó la guerra, se convirtió en el refugio y amparo de muchos sacerdotes y religiosos de Almería". Pero de allí se fue el Siervo de Dios "porque no quiso ser gravoso a mi madre ".

Marchó  entonces a Arboleas, donde había pasado la Semana Santa anterior. Su llegada fue en mal momento: estuvo sólo un par de horas. Era el día de Santiago de 1936. Muy conocido allí por su reciente estancia predicando, aunque intentó hacerse pasar por otra persona, fue llamado por el alcalde que le notificó que saliera de allí cuanto antes. También en esos momentos estaba siendo expulsado de su propia casa el párroco D. Juan Pardo Lorca, que luego sobrevivió y cuenta estos incidentes. El párroco "a pesar de lo crítico de las circunstancias, trató de ayudarle... Él decidió marchar a Lorca..." y el párroco en aquellos difíciles momentos le da alimento y algún dinero y le buscó un hombre bueno para que, en una caballería, le llevase al empalme de la carretera de Almería a Murcia con la de Baza a Huércal-Overa. El Siervo de Dios en vez de irse a Lorca, que fue su primera decisión, marchó a Huércal-Overa.

Estando en Huércal-Overa se refugia en un cortijo". Pero es denunciado por Francisco Martínez Sánchez, "Regalao", viniendo a sacarle de la cárcel de esta localidad "el jefe comunista Juan del Águila, quien le propinó muchos golpes en la espalda y cintura con la culata del fusil, llevándole así maltrecho, a la prisión "El Ingenio" de Almería. Era el 10 de agosto de 1936. "Al formar un día los reclusos (en El Ingenio), pasando revista Juan del Águila le pregunta: «¿Tú eres el fraile?». Calla el P. Gabriel; pero ante la insistencia del otro, contesta: «Yo soy fraile». «Pues apunta en la lista (dice Águila al oficial) al fraile y a su terciario (Evaristo Pérez Herrada)». Era casi una sentencia de muerte, ya que eran apuntados para ser llevados al Campo de Viator".

El día 19 de diciembre de 1936 fue conducido a Viator en una expedición de presos.

Durante su estancia en "El Ingenio" coincide allí con el Hno. Francisco. Este Hno. Francisco comunica al P. Berardo Zamora OFM que "fue junto con el P. Gabriel Olivares al Ingenio y dormía a su lado y habló con él; me dijo (el Hno. Francisco al P. Berardo) que le oía quejarse de noche del dolor que tenía en la cintura del golpe que le dio Juan del Águila y también le dijo: «Las tres veces que me he escondido me han cogido; parece que el Señor me quiere para ser mártir»".

En esta época en que Juan del Águila encerró en El Ingenio a unos sesenta presos, éste intentó sacarlos de noche para asesinarlos, "lo que quiso impedir el entonces gobernador civil de la provincia Gabriel Morón... si bien no logró evitarlo". A los pocos que quedaron en El Ingenio los condujo al Campamento de Viator en compañía de unos treinta más donde les obligó a trabajar en tareas difíciles, tratándolos con dureza. Los treinta presos fueron llevados a Viator con las manos atadas y en un camión".

Uno de estos treinta llevados al Campamento de Viator es José González Montoya, que había llegado a El Ingenio el 7 de noviembre de 1936 y unos días después (a mitad de diciembre) es llevado al Campamento de Viator con el P. Olivares. Este declarante, que sobrevive al final de la guerra, es uno de los que dicen que allí, en Viator, "fue asesinado el P. Olivares".

Otro superviviente de este grupo llevado a Viator es Francisco Taramelly Morcillo que añade a lo dicho más arriba:
"Que no recuerda exactamente, pero cree que el asesinato del P. Gabriel Olivares fue antes de Nochebuena, seguramente el 21 o 22 de diciembre".

Este declarante dice que Francisco del Águila (hermano de Juan) "se presentó en el campamento al menos en dos ocasiones; que cuando alguno de los detenidos caía enfermo era retirado a la enfermería, una habitación inmunda, de donde inmediatamente lo sacaban y lo asesinaban. Así sucedió con el P. Olivares, franciscano, quien por padecer asma no pudo un día trabajar y a la madrugada siguiente fue asesinado".

Era el día 20/21 de diciembre de 1936; ya en la madrugada del día 21. Lo mismo declaran otros supervivientes: Joaquín Navarro y Juan Espinar Jiménez. Este último dice:
"Cuando un practicante apellidado Lorita curaba al P. Gabriel Olivares, el Márquez (un miliciano) preguntó al practicante que para qué curaba a aquél; y en aquella madrugada fue asesinado el P. Olivares".

El Siervo de Dios fue el primero de los que fueron asesinados en Viator.

"Las muertes después eran celebradas con vino y borracheras. En una de éstas, el día siguiente a la muerte del P. Gabriel, se le oyó decir a uno de los asesinos: «¿Qué te parece lo que decía el fraile? "Perdona a éstos". Y llamaba a Dios. Mira cómo Dios no vino».

La exhumación de los restos de los cadáveres del Campamento de Viator se llevó a cabo cuando aún no existía la Causa General. Por este motivo no consta su identificación; sólo consta que todos aquellos cadáveres fueron exhumados de Viator y fueron inhumados en el cementerio de Almería en el Mausoleo de los Mártires de la guerra civil”, sin previa identificación.

La muerte de este Siervo de Dios en todas sus circunstancias de prisión y del momento de su muerte, dejan claros los móviles de odio por motivos de fe en los tiranos y la conformidad y aceptación del Siervo de Dios que dice a uno de sus compañeros de prisión: "Parece que el Señor me quiere para ser mártir" y esa paciencia en el martirio la testifican sus mismos verdugos cuando se burlan de él recordando cómo invocaba a Dios mientras era asesinado.