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domingo, 26 de febrero de 2017

LA PARROQUIA ORGANIZA UNA PEREGRINACIÓN A CARAVACA DE LA CRUZ EN EL AÑO SANTO 2017.




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En la reunión del consejo Parroquial de Pastoral del pasado martes 21 de febrero, se acordó por unanimidad organizar una peregrinación parroquial, para todos los que quieran unirse, a la ciudad de Caravaca de la Cruz, en la Región de Murcia, con motivo del Año Santo Jubilar 2017 de la reliquia de la Santa Cruz.

La fecha de la realización de esta peregrinación será el domingo 4 de junio, Solemnidad de Pentecostés, con la intención de salir en la maña desde nuestra ciudad de Baza y, tras celebrar la Santa Misa y la posterior comida en Caravaca, regresar en la tarde. 

De momento no se sabe cuál será el coste por persona porque aún no se han mirado los precios ni del viaje ni de la comida, los cuales ya se está presupuestando y en cuanto se sepan ya se darán a conocer.

Quienes deseen más información o quieran inscribirse que se pongan en contacto con nuestro párroco.


¿QUÉ ES LA CRUZ DE CARAVACA?

La Cruz de Caravaca es, según la tradición cristiana, una reliquia de la Cruz en la que Jesucristo fue crucificado y que encontró Santa Elena. Se conserva en un relicario con forma de cruz patriarcal de doble brazo horizontal (de 7 cm el superior y de 10 cm el inferior) y de uno vertical (de 17 cm), en la Basílica del Real Alcázar de la Vera Cruz en Caravaca de la Cruz (Región de Murcia, España) y es patrimonio religioso de la Real e Ilustre Cofradía de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca.

Según la leyenda, la Cruz –originalmente perteneciente al primer patriarca de Jerusalén tras la conquista de la ciudad a los musulmanes– fue milagrosamente llevada al castillo-santuario de Caravaca por dos ángeles, los cuales también forman parte de la imaginería que compone la cruz.

Dominaba entonces en la taifa de Murcia el rey Benhud, que extendía su poder por gran parte de Al-Andalus. Como llegase a Caravaca una partida de cautivos cristianos, el reyezuelo de la ciudad, Ceyt Abuceyt, preguntó al clérigo Ginés Pérez Chirinos, que venía entre ellos, cuál era su oficio. Respondiendo éste que lo suyo era celebrar misa, el reyezuelo mandó se aparejara lo necesario para satisfacer su curiosidad sobre el ritual cristiano. Al decir el sacerdote que precisaba de un crucifijo para tal menester, aparecieron dos ángeles que, transportando el relicario con el Lignum crucis, lo colocaron sobre el improvisado altar. La milagrosa aparición hizo que el reyezuelo y toda su corte se bautizaran.

Once años después de la aparición de la Cruz, el reino murciano pasó al vasallaje del rey castellano Fernando III el Santo (1243-1244). La Cruz sirvió de bandera y talismán contra ulteriores ataques musulmanes, en especial los llevados a cabo por Alhamar el Nazarita, rey de Arjona y Granada. Con ello, Caravaca se consolidaría como bastión de la frontera hispano-árabe.

Durante la invasión napoleónica, la Cruz permaneció oculta por miedo a la rapiña que caracterizó a las tropas francesas. La Cruz fue objeto de un robo sacrílego en 1934. Los ladrones sólo hurtaron la sagrada astilla, dejando abierto el relicario cruciforme. Jamás se descubrió la autoría del hecho. Tras la Guerra Civil Española, Pío XII concedió a Caravaca un nue vo Lignum crucis. Era el año de 1945. La ciudad celebró con grandes fiestas el restablecimiento de la reliquia.1

La devoción a la Cruz de Caravaca fue extendida por todo el orbe cristiano –incluidas Polonia, Francia, Alemania, Inglaterra, América, etc.– merced a la Compañía de Jesús. En algunas partes de América, la Cruz es usada en rituales de santería, vudú, candomblé, palo y otros ritos sincréticos, principalmente entre descendientes de esclavos.