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martes, 7 de febrero de 2017

REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS. Quinto Domingo del Tiempo Ordinario.




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INTRODUCCIÓN

En esta sección del blog parroquial SANJUANYPIEDAD.COM queremos meditar cada semana la Palabra de Dios que se lee y que se proclama en la celebración de la Eucaristía del Domingo, en cada ocasión diferente y con mucho que enseñarnos.

DOMINGO QUINTO DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 58, 7-10
SALMO RESPONSORIAL
Sal 111, 4-5. 6-7. 8a y 9 
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16

La Biblia hace referencia constantemente a realidades muy humanas. Una de las más frecuentes es la convivencia. Dios no nos ha creado como seres individuales y para una vida aislada. Nacemos en una familia y nuestra vida se desenvuelve formando parte de una sociedad. En las relaciones humanas podemos tener cada uno de nosotros muchas actitudes y respondemos de formas variadas a las situaciones. Humanamente, cuando hay un conflicto en el convivir nuestra respuesta impulsiva nos puede llevar al enfrentamiento, al rencor, la ira...

Isaías nos muestra lo que espera Dios de nosotros en nuestro trato con los demás. Según el profeta Dios nos pide generosidad con acciones concretas y en situaciones muy cercanas a nosotros. Lo importante aquí no es que te conviertas en un mesías salvador que resuelve los problemas de los demás, sino que tú aprendas a no pensar tanto en ti y a no vivir tanto para ti mismo. La salida de tu egoísmo te hace más grande y más fuerte, porque la caridad fraterna aumenta la fe; el amor es medicina para las heridas provocadas por la ofensa de otros; y al dar de lo tuyo te convertirás en la persona justa que se pone de parte del necesitado. Pues el justo es querido por Dios. Y Dios se pone de parte del justo.

¿Y quién es el justo según Dios? El salmo te lo describe con todo detalle. Ante todo la persona justa, podríamos decir, que es un hombre o una mujer de Dios.

Pablo nos viene a decir que la sabiduría humana lo que procura es el conocimiento de todas las cosas. Pero él ha adquirido otra sabiduría donde el conocimiento se centra en Cristo, pues desde Cristo se comprende mejor al hombre, al mundo y a Dios. Conocer a Cristo no es cosa de libros sino del Espíritu Santo que nos lo revela a través de la Palabra de Dios. 

Este texto paulino nos recuerda aquellas otras palabras de San Tomás de Aquino quien, al final de sus días y de una vida de estudio, escribía tras llegar a la conclusión de que no sabe nada y que todo lo que ha aprendido, y que es esencial, ha sido en los momentos de oración y delante del Crucificado.

En el Evangelio aparecen dos elementos muy comunes y muy al alcance de todos, porque tienen una utilidad muy doméstica y diaria. Con ellos se nos compara la actuación y la eficacia de la vida de la Iglesia y de sus miembros. 

Los seguidores de Jesús tenemos que ser como la sal y como la luz. Con la sal se sazonan los alimentos para darles sabor y para conservarlos mejor. Con la luz podemos ver mejor lo que la oscuridad nos oculta. Cristo es la Luz y la Sal. Él nos ilumina con la fe que nos permite sentir la existencia de un Dios que es Padre y que nos ama. Y Él Es también la Sal que da sentido a nuestra vida y que nos hace poder alcanzar una felicidad incomparable en este mundo en donde también hay muchos sufrimientos.

Si no has hecho de Cristo la Luz de tu vida y Él no es quien le da plenitud a tu vida, haciendo las cosas por Él, con Él y para Él... entonces tú no puedes ser la luz ni la sal para nadie, pues ninguno podemos dar lo que no tenemos. Y nuestra vocación de cristianos es dar lo que Cristo nos ha regalado. Tenemos que ser evangelizadores de un mundo que pide una transformación porque cada día se rompe más y sus heridas son más grandes, porque nuestra sociedad se va deshumanizando cuando más lejos está de Dios. En nuestros días son muchos los que ya no creen en Dios, y cuando nuestras vidas no son testimoniales sino más bien podemos provocar escándalo porque como cristianos no vivimos lo que predicamos y en lo que creemos, la luz no brilla y la sal se vuelve sosa y no sazona.

Si eres cristiano/a no te puedes conformar con lo que eres ni llevar una vida mediocre y acomodada. Tu identidad de cristiano/a no es un pasaporte ni un título sino una forma de ser en el mundo, a la manera de Cristo. Dar la talla tiene sus exigencias y sacrificios, quitarnos lo que nos estorba y tomar lo que no siempre nos resulta agradable. 

Esto no es cuestión de que seamos muchos aunque Dios se oferta para todos. Esto es cuestión de que seamos auténticos y no sólo sentirnos cristianos el día que vamos a un funeral porque toca hacerlo, u o a otros actos religiosos. Un bautismo que no se practica en el día a día lo sigue siendo pero con la pena de que no hemos dejado que dé todos sus frutos.

Revisa tu vida y haz que sea luz y sal para los demás, porque lo que hemos recibido es para compartirlo y para que llegue a todos. Que por nosotros no quede.


Emilio José Fernández.