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martes, 22 de septiembre de 2015

MENAJE DOMINICAL DE LA PALABRA DE DIOS.

Domingo 20 de septiembre de 2015.



Para leer la reflexión de la Palabra de Dios
de este Domingo, pincha abajo en "Más información".


Queridos hermanos y hermanas:

En este Domingo, el número XXV del Tiempo Ordinario, el tema central de la Palabra de Dios es la humildad cristiana que nos convierte en servidores de los débiles y de los últimos, como así lo fuera y es el Maestro.

En la Primera Lectura, el libro de la Sabiduría,  nos advierte de cómo el que es justo incomoda en una sociedad de ambiciones, corrupciones e injusticias. El que es bueno ante Dios y hace el bien que Dios le pide, más que admirado se convierte en pieza de caza. Cuando no se ama a Dios ni a sus enseñanza, se termina odiando a los suyos o a los que lo representan.

Cristo ha sido rechazado por los poderes de este mundo, antes de su muerte en la cruz y después de ésta al rechazarlo en sus seguidores. Pero vemos cómo Él supera la muerte y cómo el cristianismo no ha desaparecido tras tantas persecuciones hasta hoy. El que tiene a Dios supera las pruebas y tiene fuerzas para enfrentarse a ellas, sean del tipo que sean. Dios no deja solo a quien Él tanto ama, y Cristo es su Hijo amado.

El Salmo es una preciosa oración de una víctima por la fe pero que acude al auxilio de Dios en momentos tan críticos, porque Dios le hace sentirse seguro y fuerte.

En la segunda Lectura el Apóstol Santiago intenta resolver un problema de convivencia dentro de una de sus comunidades donde hay enfrentamientos y otro tipo de males entre los hermanos y hermanas. Santiago advierte de que las envidias y las ansias de poder de algunos crean guerras internas que no sólo no son buenas sino que son un anti-testimonio cristiano. Por eso el apela a la paz para que haya justicia y se construya haciendo el bien a todos.

En el Evangelio de Marcos, Jesús, al igual que el texto de la semana pasada, sigue en camino y enseñando a los suyos. Continúa con el anuncio de sus padecimientos mesiánicos que tanto desconcertaban a los suyos porque no los entendían. Hoy toca otra tecla que desafina en sus seguidores: la humildad y el servicio.

En todo grupo humano se dan las luchas por el liderazgo y por los privilegios que se puedan tener. Cada uno con los suyos hacen sus grupos para competir por los primeros puestos. Esta realidad está presente desde sus orígenes en la misma Iglesia. Y Jesús viene con otros planteamientos porque quiere cambiar esos comportamientos. Y no sólo busca el cambio sino ofrecer algo nuevo y mejor que ha de ser la marca o enseña cristiana: el amor y la igualdad, desde la humildad y desde el servicio.

Estos planteamientos rompen los esquemas de los discípulos que hasta se llegan a enfrentar con Cristo por no entenderlo ni aceptar esas enseñanzas. Pero Jesús insiste que sólo el que comulga con Él en estos principios se convierte en un verdadero discípulo suyo.

Y es que el corazón humano es egoísta, ambicioso, soberbio, envidioso... Y cuanto más grande es nuestra responsabilidad en un grupo humano (Iglesia, política, profesional, etc.) más tentados podemos estar por esos pecados.

Las palabras de Jesús incomodan a los suyos y evitan preguntas por no profundizar más en el tema. Jesús nuevamente, en la intimidad, les aborda preguntando sobre las conversaciones que los discípulos habían tenido durante el camino. Jesús entra a saco en el mal que acecha a su comunidad, porque para sanar hay que poner la medicina aunque duela. Y el silencio nuevamente se hace presente para no ser reprendidos por el Maestro.

Sin embargo el Maestro sabe bien lo que han discutido en el camino, pues se estaban sorteando su sustitución tras su muerte. Y es que la lucha por el primer puesto es algo muy antiguo, desde los comienzos de la aparición de la raza humana: el odio cainita.

Todos buscamos lo mejor para nosotros de manera individual, y luego pensamos en los demás. El egoísmo es el deseo máximo de quererse así mismo y de vivir sólo para uno. Tenerlo todo y serlo todo. Lo mejor ha de ser siempre para mí y los demás sometidos a mí e inferiores a mí. Este es el origen, como nos ha dicho Santiago, de todos los males de la humanidad, de las grupos humanos y de las comunidades cristianas de todos los tiempos.

Y Jesús viene predicando con su ejemplo, siendo el primero en hacer las cosas para enseñar otra forma de vivir y de ser, de hacer y de realizarse como persona. La forma de agradar a Dios porque Dios es así, y se refleja en el mismo Cristo.

Los últimos han de ser los primeros, porque el primero en el Reino de Dios es el servidor de todos. Poner un niño en medio de la comunidad es hacer visible la pequeñez humana frente a la grandeza de un adulto. Es poner en medio a los marginados de la sociedad de aquel tiempo en el que los niños no pintaban nada y sus vidas valían poco. Es poner en evidencia que nosotros delante de la presencia de Dios somos niños ante su infinita grandeza aunque nos creamos ser más que nadie.

Hoy el Señor nos invita a la conversión personal en humildad y servicio, porque Él, en el pesebre, en la cruz y a lo largo de toda su existencia, es el Humilde y el Siervo de Dios.

Feliz Día del Señor a todos y buena semana de ilusión y trabajo en humildad y servicio.