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lunes, 5 de octubre de 2015

MENSAJE DOMINICAL DE LA PALABRA DE DIOS.

Domingo 4 de octubre de 2015.



Para leer la reflexión de la Palabra de Dios
de este Domingo, pincha abajo en "Más información".


Queridos hermanos y hermanas:

En este Domingo, el número XXVII del Tiempo Ordinario, el tema central de la Palabra de Dios es el amor del matrimonio, el cual da fundamento y sostenimiento a la vida en pareja, y el amor de Dios a los pequeños.

En la Primera Lectura, el libro del Génesis nos sitúa, tras la creación de todo lo existente y de la creación de la humanidad, la gran obra de Dios, en la relación que se da entre el hombre y la mujer. Por un lado, la unión del hombre y de la mujer responde al sentimiento del amor entre ellos, y, por otro lado, responde a una vocación: Dios desde el principio ha querido que el hombre y la mujer abandonen su propia familia para formar una nueva que surge de la unión de entre ellos. No es voluntad del hombre y de la mujer el unirse entre ellos sino que lo es de Dios. Por lo tanto, el mensaje es que las parejas de novios, llamados a contraer matrimonio, y las que ya lo han contraído, descubran su vida matrimonial como la respuesta a una vocación y no como un hecho cultural o meramente social.

El Salmo es el deseo de quien, enamorado de Dios, está enamorado de su familia, pues para un hombre y una mujer la descendencia es su gran riqueza y porvenir: una bendición divina. Y ahora en nuestro tiempo podemos tener la gran pobreza de tener muchas cosas y de que nos falte la familia y su amor. Por eso, la familia es un gran don que Dios nos da y que no siempre valoramos lo suficiente.

En la Carta a los Hebreos que se le atribuye a San Pablo, se hace una reflexión teológica sobre la figura de Jesucristo, que es el Hijo de Dios y al mimo tiempo es un hombre que ha nacido de mujer y pertenece a la raza humana. Unificar sus dos naturalezas no entra en la lógica de la mente humana pero sí en la de la fe. Por ello la grandeza está en Aquél que siendo el más grande se hizo pequeño hasta el sacrificio y el dolor vivido al extremo. Esta humildad lo ha engrandecido a los ojos de Dios y a los ojos de quienes nos sentimos sus hermanos, pues nadie ha amado tanto ni ha sido tan humilde como Cristo. Por eso Cristo pondrá a los niños como ejemplo de humildad y de sencillez, virtudes necesarias para formar parte del Reino de Dios.

En el Evangelio de Marcos, Cristo habla del amor  en fidelidad entre los esposos, pues el matrimonio cristiano compromete las vidas de las dos personas que se unen en el sacramento del matrimonio, que se convierte en algo más que un contrato entre los conyuges y más que un reconocimiento social. En el matrimonio cristiano el amor es la entrega, el servicio y la caridad entre los esposos. El amor cristiano es misericordia y perdón entre los esposos. El amor cristianos convierte en una unión espiritual a dos personas que se unen por la vocación que han sentido de formar una familia, porque han sentido que esa es la voluntad de Dios para ellos y el sentido de una vida que se considera colmada. No es una iniciativa de la pareja ni decisión de ellos. Es un deseo y un sueño de Dios y que Éste ha despertado en sus corazones. El matrimonio no es fácil y tiene que superar muchas adversidades, por eso su futuro no depende ni del hombre ni de la mujer, sino de ambos y de la ayuda de Dios. Pues el matrimonio sacramental busca el bien y la felicidad de quienes lo viven como una vocación y una misión.

Hermanos y hermanas, feliz Día del Señor. Felicidades a quienes hoy, 4 de octubre, también festejan a San Francisco de Asís. Y a todos los matrimonios: ánimo y confianza en el Señor.