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lunes, 16 de noviembre de 2015

MENSAJE DOMINICAL DE LA PALABRA DE DIOS.

Domingo 15 de noviembre de 2015.



Para leer la reflexión de la Palabra de Dios
de este Domingo, pincha abajo en "Más información".


Queridos hermanos y hermanas:

En este Domingo, el número XXXIII del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos muestra su poder profético, pues lo que anuncia se cumple y porque su mensaje nunca caduca sino que es vital en cada tiempo y en cada lugar para quienes la escuchan.

Este domingo estamos muy conmovidos por el atentado terrorista sucedido en la ciudad de Parías (Francia), el pasado viernes, y en el que más de un centenar de personas perdieron la vida a manos de unos asesinos que presumen actuar en nombre de Alá. Hoy, escuchar las palabras de Jesucristo que nos hablan del poder del bien y del amor han de ser un bálsamo en la herida abierta por este atentado.

En la Primera Lectura, del libro de Daniel, el profeta Daniel narra un sueño que ha tenido y en el que Dios le ha revelado que el que el pueblo de Dios, tras un tiempo de hostilidades y dificultades, alcanzará un tiempo de salvación y de gloria. Daniel anuncia la llegada del Mesías, la cual los cristianos creemos que se cumplió con el Nacimiento de Jesucristo.

El Salmo es un canto del creyente que siente que en medio de su debilidad Dios es su fortaleza, que nadie puede salvarnos y ayudarnos como Dios lo hace, pues cuando nos sentimos impotentes en las situaciones de peligro sólo Dios puede hacernos vencerlas. No busquemos las soluciones en las capacidades humanas pues sin la ayuda de Dios nuestros medios e instrumentos son insuficientes.

En la segunda Lectura, de la carta a los Hebreos, se nos dice que los sacrificios de animales que se realizan en todas las religiones para espiar los pecados ya no tienen validez a los ojos de Dios porque ya se ha hecho un único sacrificio válido y que perdura en la eternidad, el sacrificio del Hijo de Dios en la cruz, cuya sangre ha limpiado nuestros pecados.

En el Evangelio, del evangelista Marcos, Jesús pronuncia una profecía, como el gran profeta que es, en la que anuncia su segunda venida al final de los tiempos, y lo hace con un lenguaje apocalíptico, en el que la intención no es la transmisión de miedo en el oyente sino de esperanza y júbilo porque al final alcanzaremos un estado y un lugar en el que ya no viviremos en la finitud de este mundo (sufrimientos, necesidades, dudas...) sino que sentiremos la grandeza de un Dios que supera todo lo inimaginable, puesto que la última palabra de la Historia la tendrá Dios, que es el Bien supremo, y éste siempre vence al Mal.

No tengamos miedo ni al presente ni al futuro, Dios está con nosotros ahora y estaremos nosotros definitivamente con Él en un futuro que no concuerda con las categorías humanas del tiempo pero que llegará antes de que lo creamos posible.

Queridos hermanos y hermanas, tengamos a Dios en nuestra vida para hacer el bien; tengamos la confianza en un Dios que es amor y que aguarda nuestra llegada cuando ocurra su venida más esperada para todo creyente.

Feliz Día del Señor y oremos junto a la Iglesia y el mundo que con tristeza recuerda a las víctimas del reciente atentado de París.