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sábado, 7 de enero de 2017

REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS. Fiesta del Bautismo del Señor.




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INTRODUCCIÓN

En esta sección del blog parroquial SANJUANYPIEDAD.COM queremos meditar cada semana la Palabra de Dios que se lee y que se proclama en la celebración de la Eucaristía del Domingo, en cada ocasión diferente y con mucho que enseñarnos.

DOMINGO SEGUNDO DE NAVIDAD

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7
SALMO RESPONSORIAL
Sal 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10
SEGUNDA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-38
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 13-17.

El 6 de enero celebrábamos la Solemnidad Epifanía del Señor, que supone el final de la Navidad civilmente, pero no lo es litúrgicamente, pues el tiempo litúrgico de Navidad siempre termina al domingo siguiente con la Fiesta del Bautismo del Señor. 

En Navidad no sólo celebramos el Nacimiento de Jesús sino también el periodo que va desde su infancia hasta el comienzo del periodo que se conoce como su vida pública. Y este comienzo el Evangelio lo sitúa en el río Jordán en donde Cristo es bautizado por el profeta Juan.

Y otro profeta ha anunciado antes la venida del Mesías. Isaías lo presenta como el "Siervo de Dios". Un título que se irá haciendo real a lo largo de la vida de Jesús de Nazaret y que confirma para la Iglesia que verdaderamente Éste es el Mesías y el Hijo de Dios.

Isaías nos rompe los esquemas espirituales de todas las religiones, en las que la divinidad es de una grandeza y de un enorme poder al que todos los hombres y mujeres han de someterse. Y la Iglesia, apoyada en los textos mesiánicos de Isaías, nos presenta a Jesús con las actitudes inconfundibles del Siervo. Dios le ha dado la vuelta una vez más a las religiones al mostrarse no como el primero sino como el último y el servidor de todos nosotros. Es una revolución que al mismo tiempo provoca admiración en los creyentes cristianos y rechazo en los que tienen otro concepto de Dios. 

Y al mismo tiempo provoca una exigencia en cada uno de los que hemos sido bautizados, pues si el Maestro actúa de esa manera es para enseñarnos que nosotros debemos hacer igual si queremos ser sus auténticos discípulos. Una exigencia a la que no todos estamos dispuestos, por eso el discipulado no es una cuestión de masas sino de minorías.

Isaías subraya cómo el Siervo de Dios está acompañado por el Espíritu Santo. Y nos habla de las actitudes virtuosas que tiene: el silencio, la mansedumbre, la paciencia y la entrega. Y se nos presenta como el que ha sido enviado por Dios Padre a la misión de traer el Reino de Dios a todos los rincones del mundo.

Toda esta profecía la veremos presente a lo largo de la vida de Jesús, especialmente en su Pasión y Muerte, donde la humildad y la entrega llegan al límite humano, que es acompañada y motivada por el amor y la misericordia. 

Por eso en el pasaje del Evangelio de hoy nos encontramos con una escena que es la presentación de Jesús y de su misión, en un inicio que ya nos anticipa el desenlace final de su vida: con su muerte y con su resurrección. 

Mateo nos introduce al debate que hubo en tiempos de Jesús y que continuó posteriormente en la primitiva Iglesia, especialmente entre los discípulos de Jesús y los discípulos de Juan el Bautista. ¿Quién es verdaderamente Jesús? ¿Es Jesús más que Juan?

Jesús es el Hijo de Dios oculto, casi nadie lo reconoció en Belén y después tampoco. A Juan se le ha revelado y él lo proclama como la Gran Noticia. Juan entonces se muestra así mismo como el que ha venido a presentar a Jesús. Juan pone en su sitio al Mesías y se pone también en su sitio lleno de humildad: pues no se siente digno de desatarle las sandalias, trabajo de esclavos. Es decir, Juan ve tan grande a Jesús que no se siente merecedor ni siquiera de ser su esclavo suyo.

Sin embargo Jesús comienza su vida pública con una gran lección: se pone a la cola de los bautizados, de los pecadores, de los últimos e inferiores, de los que no merecen nada. Porque Él no ha venido para ser el primero ni para servirse de nosotros, al contrario, se ha hecho el último para ser el servidor de todos. 

Una cosa lleva a la otra. Haber sido bautizado por Juan desde un abajamiento inexplicable, será el anticipo y la muestra de que también su abajamiento es real cuando carga con la cruz entre malhechores y pecadores.

El gesto de Jesús en el Jordán viene acompañado de un signo que lo identifica como el Hijo de Dios, pues el Espíritu Santo se posa sobre Él y el Padre se pronuncia: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto». Ya no sólo Juan nos lo presenta, sino el mismo Dios Padre lo hace para que no haya dudas de quién es Jesús y de parte de quién actúa.

Hoy tenemos que recordar nuestro propio bautismo que nos convierte en hijos e hijas de Dios, recibiendo el don de la fe en el Hijo de Dios, Jesucristo, el Señor.

Pero, ¿verdaderamente creo en el Jesús del Evangelio o acomodo la fe a lo que a mí me es más fácil de aceptar y de sumir?

El bautismo - nos indica Jesús con su ejemplo - conlleva una vida de humildad y de entrega con Dios y con los hermanos y hermanas. ¿Es así mi vida de cristiano? ¿Busco ser el primero, servirme de los demás, miro a los demás por encima del hombro, me desentiendo de los problemas de los demás y me aprovecho de los débiles? 

O al contrario, ¿actúo con discreción y sin aspiraciones superficiales, mi vida es de entrega con los míos y con los demás, vivo mi trabajo como un servicio y un testimonio de mi fe en Cristo, me intereso en ayudar al que necesita de mí? 

Y la gran pregunta: ¿Mi vida es cada vez más semejante a la de Cristo, guardando las distancias obvias?

Hoy es un día para que los bautizados demos gracias por este sacramento que nos cambió la vida y que nos hace ser hijos e hijas de Dios por el Espíritu Santo que nosotros también hemos recibido.

Tú también tienes la misión de Cristo, la de trabajar por hacer presente el Reino de Dios, y hacerlo todos los días con amor, entrega, fidelidad y humildad. Nunca te canses de hacer el bien aunque hoy no esté de moda. Sé humilde para hacer y dar, para amar, para perdonar, para aprender y para corregir. No eres grande porque tú te lo creas. Eres grande porque Dios así te ha hecho al hacerte su hijo/a y su mensajero/a. Y lo ha hecho porque te ama y porque confía en ti.


Emilio José Fernández.