PORTADA PRINCIPAL

martes, 21 de marzo de 2017

REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS. Tercer Domingo de Cuaresma.




Seguir leyendo toda la crónica pinchando con el ratón abajo en "Más información".


INTRODUCCIÓN

En esta sección del blog parroquial SANJUANYPIEDAD.COM queremos meditar cada semana la Palabra de Dios que se lee y que se proclama en la celebración de la Eucaristía del Domingo, en cada ocasión diferente y con mucho que enseñarnos.

DOMINGO TERCERO DE CUARESMA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Éxodo 17, 3-7
SALMO 94, 1-2. 6-7. 8-9
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Romanos 5, 1-2. 5-8
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan 4, 5-15

Como venimos diciendo desde el inicio de la Cuaresma, este tiempo litúrgico nos lo ofrece la Iglesia todos los años como una oportunidad para nuestra conversión personal y comunitaria de preparación para vivir los momentos y misterios centrales de nuestra fe, especialmente la Resurrección del Señor en el tiempo pascual.

Pero la Cuaresma también ha sido desde el inicio de la Iglesia un tiempo en el que los catecúmenos, aquellos que se preparaban mediante unos años de catequesis para recibir en Pascua los sacramentos se la iniciación cristiana (Bautismo, Eucaristía y Confirmación), eran examinados en la fe y catequizados especialmente con textos del Evangelio, como es el caso de hoy con el pasaje del evangelio de Juan conocido como el de “La Samaritana”, que nos presenta a Jesús como el verdadero Mesías esperado y como el mayor de los profetas. Pero al mismo tiempo como el Hijo de Dios, el único que puede sostener nuestra fe porque Él es el Agua Viva para todo el que quiera tener fe en Él, rompiendo fronteras y desigualdades.

El agua, que hace referencia principalmente al sacramento del Bautismo, es el elemento y protagonista de este día, pues este elemento natural, creado por Dios, tiene una carga espiritual importantísima y sacramental también. Así lo vemos en el pasaje del Éxodo cuando Dios, después de haber liberado a su pueblo de la esclavitud egipcia, proporciona agua a su pueblo que camina en el desierto, porque si necesaria era la libertad para el creyente, más necesaria es para éste su vida espiritual, la cual la mantiene Dios como fuente de agua única que es. El creyente no puede vivir si no alimenta su espíritu ni sacia sus ansias de Dios.

La Iglesia nos presenta en este pasaje evangélico de hoy  a Jesús como el Señor y como el Agua Viva, del que brotan los sacramentos y cuya palabra es la única que sacia al ser humano, lo colma y lo plenifica. Hay más fuentes y pozo para llenar los vacíos del corazón humano, pero como el agua de Cristo no encontraremos ninguna, hasta tal punto que sus efectos se prolongan en la eternidad por la resurrección que sólo Él puede darnos. Así pues, el Bautismo, y después los demás sacramentos, nos proporciona una vida más allá de la terrena y nos muestra lo sobrenatural; y nos abre las puertas a una vida eterna en la presencia definitiva de Dios.

El agua nos quita la sed y nos permite vivir, nos refresca en el cansancio, nos limpia la suciedad y destruye cuando se hace torrente. El agua del Señor nos sacia el alma, la fortalece, la purifica y destruye nuestro pecado. La gracia de Dios, al igual que hace el agua, empapa nuestra vida, esa vida que da el Espíritu Santo. El Agua Viva, que es Cristo, nos llena de su santidad con el agua de los sacramentos, especialmente el Bautismo.

Dejemos que el Señor nos sacie de sí mismo y de su agua, como hizo con la Samaritana. Nosotros tenemos poco que darle a Él, y sin embargo Él tiene mucho que ofrecernos y que darnos. Bebamos de las manos del Buen Pastor, de la Fuente que nunca se seca, y, como diría San Juan de la Cruz, aunque sea de noche.


Emilio José Fernández